Smile, la formalización de una buena idea
- enriquemarsan2001
- 31 oct 2022
- 3 Min. de lectura
Ficha de la película
Título original: Smile
Género: Terror
País: EEUU
Año: 2022
Duración: 115’
Calificación por edades: 16
Dirección: Parker Finn
Guion: Parker Finn
Reparto: Sosie Bacon, Kyle Gallner, Jessie T. Usher
Sin ser un consumidor habitual de cine de terror, menos aún en salas de cine, he acudido a la proyección de Smile con dos objetivos: uno, cerrar la famosa spooky season con algo del género; dos, para comprobar si realmente se trataba de la película revolucionaria de la temporada (rivalizando en las críticas con Barbarian, que aún no he visto). Ha resultado no serlo, pero no por las razones características que impiden a una producción alcanzar la grandeza.
Su mayor fallo es caer en el convencionalismo, en la fórmula: una buena idea tiene que cubrirse de una capa tan densa e insalvable de jumpscares, edición de sonido martilleante, y de destripar por completo cualquier posibilidad de tratar unos temas o hacer un comentario, reduciéndolo al mínimo necesario para pasar como una película. A Smile la ha matado, sin duda, su presentación.
Sin ser la primera, si que es de los mejores ejemplos de cómo un estudio coge una pieza audiovisual y la adapta tanto al estándar del cine de terror mainstream. Con esto, por supuesto, no rechazo que existan este tipo de películas, ni las minusvaloro; sé que el gran público, que llena la sala para dar saltos y pasarlo mal, disfruta con las marcas habituales del género. Después de todo, no cualquiera va al cine con tantas ganas de amar u odiar todo como yo.
Pero sí que me quedo con un regusto en la boca, porque pienso en lo potente que hubiera sido Smile si se le quitasen dos tercios de los sustos, dejando los más efectivos, se bajase el volumen a los efectos de sonido estridentes, y se dejase funcionar a lo que de verdad merece la pena: el terror puro que transmite ver cómo a la protagonista la persigue una maldición que escapa a su control. Lo he pasado realmente mal (en el buen sentido) viendo cómo la trama cogía forma, descubría la naturaleza de sus peligros, y me dejaba llevar por su terrorífico y efectivo giro final. Sobran, sin exagerar, secuencias enteras de la protagonista oteando las sombras de su casa, sobran sobresaltos cuando suena un teléfono o alguien repiquetea en una ventanilla. El verdadero miedo en el cine te lo tiene que dar la maldad y el diseño del monstruo, y no el susto que da al aparecer; te lo tiene que dar el peligro que corre la protagonista, por lo bien que te cae, y no el hecho de que ese abrigo colgado de la percha parezca una silueta; te lo transmite un cuarto vacío, bien iluminado, en el que ocurre algo perturbador que escapa a tu control, y no una casa ruinosa al fondo de la cual escuchas murmullos de los que puedes salir corriendo. Películas recientes como El Hombre Invisible o Hereditary entendieron esto muy bien, y supieron poner los pelos de punta con un guion encomiable y unos cuantos trucos de cámara.
Cristobal Tapia de Veer, el maestro, compone la música, pero la editan a un volumen tan exageradamente alto que es imposible apreciarla más que como ruido. La fotografía, especialmente los usos de la profundidad de campo para aislar a la protagonista (sin recurrir a los ya cansados 4:3 de los que hablaremos otro día), está a ratos muy bien planteada. La trama, reminiscente de It Follows (2014) y de la no tan agraciada Verdad o Reto (2018), da un mal rollo destacable, funcionando como una actualización moderna del clásico asesino serial imparable.
Es una lástima que Smile vaya a quedar en mi memoria (y en el recuerdo del cine) como una película menor, de estudio, convencional y formal, pudiendo haber sido mucho más. A veces, convendría que ciertas obras no tuviesen que cruzar el filtro del mercado, y saliesen adelante conservando sus elementos más diferenciales. De momento, me toca esperar trescientos sesenta y cinco días.



Comentarios