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Modelo 77, la cárcel de la memoria

  • enriquemarsan2001
  • 8 oct 2022
  • 2 Min. de lectura


Ficha de la película

Título original: Modelo 77 Género: Drama, histórico País: España Año: 2022 Duración: 125’ Calificación por edades: 16 Dirección: Alberto Rodríguez Guion: Rafael Cobos y Alberto Rodríguez Reparto: Miguel Herrán, Javier Gutiérrez, Jesús Carroza, Catalina Sopelana, Fernando Tejero

No es muy habitual que un director consagrado se tome unas vacaciones en la realización, pero cuando ocurre, su retorno acostumbra a ser glorioso. El bueno de Alberto Rodríguez, seis años después de su última película (El Hombre de las Mil Caras, 2016) ha vuelto tras las cámaras con su mejor película, y lo digo sin pelos en la lengua: Modelo 77 se corona como la joya -con permiso de Celda 211- del cine carcelario español, y lo mejor del cine patrio de este 2022.


La historia (real) del presidiario Modelo de Barcelona, concretamente entre los años 1976 y 1978, es ante todo un relato político y social, que no un thriller. Se encuentra en la línea de En el Nombre del Padre (1993) más que en la de Un Profeta (2009), aun recibiendo influencias de ambas en cuanto a la puesta en escena, referencias, y trato de los personajes. Es un retrato de la injusticia, del abuso, del recuerdo de una época manchada por cambios que, aunque bienintencionados, no estaban diseñados para incluir a todos.


En esos tres años, el franquismo dio paso a una primera democracia débil, manipulable, en la que la vieja ley de vagos y maleantes todavía permanecía latente, haciendo que las cárceles españolas estuvieran repletas de mendigos, adictos, extranjeros, disidentes políticos y homosexuales, compartiendo espacio con auténticos criminales, hasta que la línea que los separaba se volviese fina como un hilo, cosa que la película retrata a la perfección: la Modelo es una burbuja utilizada para deshacerse de todo aquello que no agradase al sistema, un infierno personal diseñado para guardar las apariencias en el mundo exterior.


Manuel, el personaje de Miguel Herrán, no está encerrado por hurtar unos cuantos miles de pesetas, su verdadero crimen, sino habiendo sido coaccionado por el hijo del dueño de la fábrica en la que trabajaba. De nuevo, el sistema se deshace del débil. Se ve obligado a compartir sitio con los maleantes más peligrosos, hasta terminar forjando una amistad con Pino, un indistinguible Javier Gutiérrez, encarnando un papel muy diferente al que estamos acostumbrados, mostrando una vulnerabilidad encomiable.


Muchos son los personajes que desfilan por Modelo 77, cada uno de ellos utilizado por el guion para representar una nueva cara de la sociedad posfranquista, y mucha es la brutalidad a la que son sometidos. Escena tras escena, las indistinguibles figuras de los funcionarios de las cárceles se ensañan con estos presos, hasta el punto de provocarnos dolor a nosotros también. Pero ni una sola de esas escenas sobra, ni es malgastada, porque cada palo que recibe Miguel Herrán es, como los años de condena, un día menos tras esos muros, un grito más fuerte por la libertad y la justicia.


Si Celda 211 entendía la prisión como un bastión, para Modelo 77 es una jaula, hecha del material más fuerte, resistente, y difícil de cambiar: el poder de la memoria, el recuerdo de cada golpe, cada porrazo, que hace cuarenta y seis años recibió un preso de verdad. La cárcel visualizada como un desagüe de todo aquello que está ahí, pero que no queremos ver, porque estropea el paisaje. Si se quiere que una película carcelaria tenga efecto, es aquí donde tiene que acudir, lo que tiene que recordar.





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