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Piercing, punzones y giallo

  • enriquemarsan2001
  • 6 jul 2022
  • 3 Min. de lectura


Ficha de la película

Título original: Piercing

Género: thriller, terror, comedia País: EEUU Año: 2018 Duración: 81’ Calificación por edades: 18 Dirección: Nicholas Pesce Guion: Nicholas Pesce, basado en la novela de Ryu Murakami Reparto: Christopher Abbott, Mia Wasikowska

A punto de ser retirada de Filmin, esta adaptación de Murakami (el autor de Audition, un fanático de los utensilios puntiagudos y las femme fatales siniestras) llegó a mis manos y a mis ojos gracias a su corta duración. No puedo negarlo, ochenta y un minutos de metraje son gloriosos, y de hecho han dado pie a la creación de este blog. Confiado, y muy enganchado gracias a sus créditos iniciales, subí unas cuantas historias sobre Piercing a Instagram, para luego advertir de su contenido en cuanto llega esa escena.


El cine sabe ser “perturbador” cuando quiere, y a Nicholas Pesce (Los Ojos de mi Madre) no le falta mano ni nervio para ello. El plano que inicia la historia, un punzón de hielo acercándose al cuello de un recién nacido, es un claro indicador de ruta para el despistadillo que cree haberse descargado la de los minions. Tras dejar al bebé ileso (se guardan las formas), nuestro protagonista se prepara para cometer un asesinato al más puro estilo Hitchcockiano (que la ciudad entera en la ficción sea una linda maqueta me ha parecido un guiño soberbio). No se trata de un asesino en serie, ni de un psicópata. O depende cómo se mire, quizá. Lo que sí es cierto es que hay algo de ternura en ver a Christopher Abbott preparar los utensilios para el asesinato, porque no se comporta como un frío asesino, sino que da la impresión de ser un joven que se enfrenta a su primera cita, reservado y nervioso. Se asegura de escoger las palabras adecuadas, los movimientos precisos, hasta lleva un diario con las ideas que ha ido reuniendo.


Al otro lado de la pista de baile encontramos a una fuera de serie Mia Wasikowska, encarnando a la prostituta víctima (o no) del plan perfecto cuidadosamente planeado. Juntando en una habitación de hotel a estos dos, tenemos ya la coctelera lista para ser agitada. Sobra mencionar que vamos a tener una buena dosis de objetos puntiagudos.


El primer acto de la cinta se encarga también de complicar la trama, añadiendo pequeños detalles y líneas de diálogo que esperamos resolver más adelante… lástima que no sea así, ya que la película soluciona de forma abrupta la historia, con un final más que abierto, preguntas sin contestar, y un sabor de boca amargo por lo insatisfactorio que resulta. Digo yo, con un metraje tan compacto, se podría haber trabajado algo más en todo lo que Piercing construye tan brillantemente con sus escenas de apertura. Sabíamos que, con un planteamiento así, sucederían escenas de violencia y tortura, pero se sienten casi gratuitas por lo poco inventivas y merecidas que están. Casi preferiría que se hubiesen quedado en deslizar el punzón por la piel, en lugar de clavarlo, si me permitís este juego de palabras.


Y luego llegamos al desvarío absoluto. No tengo ningún problema con la subjetividad en el cine, ojo. Conocemos ya muchas formas de mostrar a un narrador poco fiable, los efectos de las drogas, o los mundos oníricos. Simplemente, han de ser usados con sentido, con mensaje, y no termino de encajar ni el sentido ni el mensaje del cansino montaje en el que Christopher Abbott se revuelve dentro de un baño inundado. ¿Es un comentario sobre la culpabilidad? ¿Un destino aciago? ¿O simplemente se ha dado barra libre a los desvaríos de Murakami en la novela? Quitad eso, por favor y ponedme ochenta y un minutos de travellings sobre las maquetitas de la ciudad, que son bien lindas.


Una premisa excelente, un tono muy logrado, una dupla protagonista en su salsa, una dosis de música de giallo italiana suficiente para parar un tren… pero faltan ideas, falta sustancia que darle a todo este desaguisado. Ni por asomo incluiremos Piercing en la bendita lista de cine perturbador, junto a Audition, Shrek, y Pink Flamingos.


Lo de Pink Flamingos no es casualidad, porque aparece el nombre de John Waters en los agradecimientos. Y no voy a ser yo quien proteste, ¿Eh? Me quito el sombrero.




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