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Tenemos que (recordar) Vortex

  • enriquemarsan2001
  • 31 ago 2022
  • 3 Min. de lectura


Ficha de la película

Título original: Vortex

Género: drama

País: Francia

Año: 2021

Duración: 142’

Calificación por edades: 12

Dirección: Gaspar Noé

Guion: Gaspar Noé

Reparto: Darío Argento, Françoise Lebrun, Alex Lutz

Ya hace unas semanas del estreno de Vortex en cines españoles, y si no he escrito nada sobre ella hasta ahora es por dos razones muy sencillas: una, me fui de vacaciones; dos, necesitaba reposarla un poco. No solo dejar que calase en mi la historia misma, lo angustioso de su planteamiento, lo deprimente de su final, sino también ponerla en perspectiva. Vortex es eso, una llamada a poner tu vida en perspectiva.


El film abre con unos créditos muy sencillos y curiosos: presenta el nombre de los tres actores protagonistas, y del propio Gaspar Noé, junto con el año en que nacieron. Chas, así de fácil, ya sabemos por donde van a ir los tiros: el tiempo pasa sin detenerse, paciente, destruyendo todo a su paso. Aunque ya he protestado anteriormente contra esta filosofía del "time destroys everything" (presente en la cruel Irreversible del mismo director, tan explícitamente que puso un cartel con la frase en la pantalla), porque me parece una expresión que peca demasiado de nihilista y de fatalista, eliminando toda posibilidad de crecimiento y construcción de personajes (como también pasa en Irreversible), aplica bastante bien a Vortex.


Dos ancianos enfrentan juntos la vejez. El enorme y (ojalá) inmortal Darío Argento, junto a Françoise Lebrun, nota los años correr en sus huesos. Se levanta cada mañana, desayuna, trabaja en su nuevo libro y trata de sobrevivir a los continuos ataques de demencia de su mujer, que se escapa de casa y mezcla medicamentos sin parar. En un principio imaginé que la cinta trataría sobre el impacto del alzheimer en la pareja, pero según avanzamos, este se convierte en el menor de sus problemas.


La crueldad presente en Vortex es diferente a la de Irreversible; mientras que en la película de 2002 Gaspar Noé se regodeaba en rodar la miseria y la degradación humanas, aquí parece que más bien retrata la verdadera naturaleza, la de envejecer y morir. La de sufrir en el proceso. No hay momento de respiro para los dos actores protagonistas, ni tampoco redención. Su creciente distanciamiento y separación son hasta explícitos, con una gran banda negra que divide la pantalla en dos proyecciones diferentes, de forma que visualizamos paralelamente dos historias, puede que en las mismas localizaciones, pero claramente distintas en su mensaje, intención, y cómo no, resultado. Tal es la desconexión que se palpa en la película que bien podría decirse que hay una segunda banda negra que separa la obra del espectador.


Y aun así, con una experiencia tan traumática y desesperanzadora como es la última obra de Gaspar Noé, también es su trabajo más sincero. El realizador argentino, junto a sus descomunales intérpretes, se muestra humilde, se enfrenta al vórtice que es el tiempo, y trata de entrever cómo será aquello dentro de unos años, cuando él sea de la edad de Darío Argento, cuando ya nadie recuerda tu gloria, la memoria desfallece, todo desaparece, y la lente de las cámaras se torna blanca.


Las películas que nos hacen estremecernos, que no nos arrancan lágrimas pero nos animan a planteárnoslas, son siempre obras de las que hay que hablar. Y aunque Gaspar Noé no esté del lado de la esperanza, sino del fatalismo, trabajos como Vortex siguen siendo necesarios como recordatorio de nuestra propia finitud y destino. Como he escuchado decir a un buen mentor, "la gente que no tiene dudas, que no se hace preguntas, da miedo".


Y no hay nada más sobrecogedor que ver a un director de cine (recordar) hacerse preguntas.



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